jueves, 23 de febrero de 2017

retratos de retratos de halsman


No me gusta dibujar de fotos, pues no hay ningún paso de las tres dimensiones al plano y no hay demasiado que añadir. Pero no he podido aguantarme ante estas caras tan expresivas que Philippe Halsman buscó y encontró por dentro y por fuera de la gente más mediática de su época. La imagen que revela de forma más completa tanto el exterior como el interior del sujeto, decía, buscando a través de todos los recursos de la fotografía (actitud del personaje, acting, iluminación, colocación de la cámara, encuadre, montaje...). A mí me ha servido para ver las posibilidades y las limitaciones de mi material: un papel fino y pincel de tinta china, lo que exige gran velocidad, y sin pausa, en los trazos para que la tinta no traspase, lo que pide energía, resolución y nada de miedo. Las sombras están hechas mojando con saliva los dedos y aplicándolos a la tinta aún fresca. Sin olvidar el gran placer de escrutar los detalles de la geografía facial tratando de resumir los trazos esenciales.

Philippe Halsman. ¡Sorpréndeme! es el nombre que han dado  a esta expo  que ya ha pasado por el Musée de l’Elysée, el Jeu de Paume (París), el Kunsthal (Rotterdam) y CaixaForum Barcelona, y ahora está el CaixaForum de Madrid. Una expo de trescientas fotografía producida por el Museé de l’Elysée de Lausana, en colaboración con el Philippe Halsman Archive de Nueva York.

martes, 21 de febrero de 2017

crecimiento

A mediados de los años 70, los economistas calcularon el PIB en Europa y cuánto procedía de dividendos, rentas e ingresos del capital frente al porcentaje que generaba la clase trabajadora. En esa época, el 30% era del capital y los obreros tenían un peso del 70%. Ahora, el capital ha ganado un 10%, con un 40% del peso final. Eso quiere decir que la clase obrera ha perdido un 10% del PIB, lo que se traduce en 1.600 millones de euros. -Susan George, politóloga, economista, socióloga y presidenta de honor de ATTAC

lunes, 20 de febrero de 2017

chocolate con porras en la hormiga
























Increíble que un local de paredes de chapa ondulada y conglomerado de madera, y con dos teles contiguas con distinta programación, esté lleno de abuelas tomando chocolate con churros. Este lugar lleno de gente donde se puede compartir mesa, en la calle de La Cruz en Ciudad Real, me gusta mucho para dibujar. También sus porras.

domingo, 19 de febrero de 2017

el ateneo de almagro y miguel fisac









Por fin se podrá visitar la casa del arquitecto daimieleño Miguel Fisac, en la calle de las Cruces de Almagro, durante muchos años cerrada, según prometió ayer el director del Ateneo de Almagro, José Antonio Prieto, en un día de actividades en torno a su obra.

Como aperitivo visitamos el Teatro Municipal, restaurado por él, donde el arquitecto Diego Peris nos hizo un resumen de su obra y sus actuaciones en Almagro como restaurador de la torre del Convento de la Asunción y la cúpula del San Bartolomé. Y como creador de obras más modestas como su propia casa, la ermita de San Pedro y la casa de Paloma, vecina y amiga, que nos deja visitarla. Una casa muy agradable y acogedora, gracias a los muchos elementos de la arquitectura popular incorporados: suelo de barro, paredes encaladas, chimeneas con pollos, porche, aristas curvadas, puertas de tablones, y otros elementos constructivos más reconocibles en la obra de Fisac (uno de los cuales, el balcón de la fachada, fue retirado por un polémico concejal).

Para colmo, nos invitan a un vino en la sede del Ateneo, calle Franciscas 4 bajo, donde llama la atención la biblioteca cedida por la investigadora Concepción Llaguno. Allí hago un dibujo rápido del ágape, donde vemos, entre socios del Ateneo, con corbata, a Teodoro Sánchez, presidente del Colegio de Arquitectos, Luis Madrid, con cazadora negra, y a Diego Peris y Paloma hablando en primer plano.

sábado, 18 de febrero de 2017

bares y cafeterías de ciudad real (15)













El burguer bar El Cachorro, en Progreso 12, tiene un extraño ambiente de los setenta, de camaradería entre desconocidos, bastante interesante, la camarera es muy simpática, se fuma y tiene futbolín; me invitan a todo por dibujarlos. Café rico y agradable en mesas de madera y vistas a la calle a través de sus paredes de cristal, en el Pan Real de la calle Morería con Jara. La cafetería Doña Bolacha, de reciente inauguración, en Obispo Estenaga, tiene obrador y ambiente cálido, y también hace empanaditas saladas al horno que puedes acompañar con cerveza; me invitan. La cervecería Los Medios, en la calle Lentejuela, es el típico bar de barrio de barra de acero inox, precios populares y buen café. En el Carmen Carmen, en la calle Toledo, ambiente cálido, buenas y elaboradas tapas, buen servicio, variedad de vino y pijoteo a 1,80 la caña. El Bar Cervantes, en la plaza del mismo nombre, de clientela viejuna, pone cañas de Mahou con tapas de cocina clásicas por 1,40 euros. Quizás el más pequeño de los bares de Ciudad Real, el Mabel, en la calle Alarcos, es como un pequeño pub para oficinistas, abogados y algún oftalmólogo; no tiene tapas, más bien para tomar cafés y copas a la salida o en un descanso del curro. El bar Casa Julián está en la periferia, en la calle Juan de Villaseca y su parroquia es de mono y almuerzo; de precios populares, 1,20 la caña con algún frito, y leve olor a aceite de girasol rancio; me invitan por dibujarlos. La cafetería restaurante La Ferroviaria, en la Avda. Lagunas de Ruidera, con toques modernistas recién fabricados, pone un buen café.

viernes, 17 de febrero de 2017

irene x y sus incondicionales veinteañeras



Irene X leyó sus poesías el miércoles en La Madriguera ante un público entregado de veinteañeras. Duró tanto, y con tantos juegos de palabras, que desconecté y solo me dediqué a a dibujar y beber cerveza. Solo puedo beber la poesía en pequeños sorbos. Los atracones los dejo a los incondicionales.

jueves, 16 de febrero de 2017

dibujar en los bares



Me gusta dibujar en los bares. La gente va por gusto y está alegre y relajada. Nadie te obliga a nada en un bar. Por un módico precio puedes comer algo con una cerveza o un vino y escuchar las conversaciones, tomar el pulso al pueblo, al barrio, o la ciudad donde estés.

El mejor sitio del bar para dibujar es debajo de la tele, porque todo el mundo mira hacia ti y, sin embargo, eres invisible. Y el tiempo, que no pase de los cuarenta minutos. No puede uno eternizarse. También depende del nivel de acabado. Los de arriba son solo notas para andar por casa.

Si tiene mucha rotación, mejor. La gente entra y sale deprisa. Así, el dibujo se convierte en un relato. Cada personaje tiene su tiempo, pero no es el mismo de los demás. Es como el barrido de un escáner. A cada uno le llega su momento. Y si alguien se ha cambiado de sitio, es posible que salga dos veces.

Recuerdo que dibujé dos veces a un chaval inquieto en un bar de Ciudad Real. Cuando miró detenidamente el dibujo, me preguntó: ¿Cómo sabías que tengo un hermano gemelo? Eso es porque la gente piensa que un dibujo es como una foto, sin embargo se parece más a una secuencia, a un corto. O a una foto de esas en la oscuridad, en las que está tanto tiempo abierto el objetivo que los personajes parecen fantasmas desplazándose.

En los bares de pueblo, de barrios periféricos o de ciudades pequeñas, los parroquianos se sorprenden de mi don y se sienten agradecidos de formar parte del dibujo. Entonces me invitan a algo, y yo me siento como aquellos juglares, músicos y cómicos que pasaban la gorrilla. El pueblo no es tan exigente como la nobleza, que precisa de muchos más recursos.

Cuando voy a Madrid, suelo ir la la Filmo y hacer alguna parada en el cercano bar El Museo del Jamón de Antón Martín. La cerveza está muy rica y es muy barata. Las tapas no merecen la pena
(fiambre troceado), pero sí sus bocatas de jamón ibérico de cuatro euros. A pesar de todos los trastos que hay por las paredes y techo, sobre todo jamones, resulta atractivo para dibujar por su clientela tan variopinta: travelos, mendigos, clientes castizos pesados, guiris al olor del jamón, Jose apoyado en la misma columna, turistas bebedores de cerveza, putas, abuelas y algún paleto como yo. A los camareros les divierten los dibujos y no suele haber mosqueos, aunque, a decir verdad, si no vas con demasiada frecuencia, los camareros ya son otros. No duran nada.

Arriba he puesto los último dibujos que hice allí, y de otros bares cercanos. Los dos primeros son del Museo del Jamón, la cafetería del Doré, La Carpa, en Tirso, El Granier de Antón Martín, Vinícola Mentridana, La Taberna de Atocha y el mexicano Mi Ciudad, en Hileras. En la mesa de izquierda del Granier, el japo corresponde a un tiempo y la abuela de al lado a otro. En el último dibujo, los personajes sentados, Rafa y Martín, aparecieron después de dibujar la barra.

miércoles, 15 de febrero de 2017

noche chemática en la tetería pachamama










Bajo la santa aureola de mamita candelaria y Pachamama santa tierra en los primeros días de febrero, una chusma enfurecida de poetas toma asiento y micro en la oscura bóveda de la tetería del callejón de los huertos, que abren a todos Juanma y Prado. Unos cantan y otros leen. Beatriz lo hace desde la profunda grieta donde los niños iberos echan los muñequitos de bronce, y su padre muestra su acelerada sangre puerta a puerta. Maria José delata esa pizca de cinismo, Jesús Miguel se espesa, Edu languidece, el juglar romancea, Noelia se revela, Ana se ilumina para las tropas, los adolescentes prefieren la guitarra, Prado pone un rico ron y Juanma vuelve al glorioso pasado de juglares cantando viejos poemas con un público expectante. Bea se ve a pesar de su escepticismo, Sergio aguanta el tipo, Alex al punkli, Frank al chino, Lourdes quiere dibujar cuadernos, Andrés se quiere ir a casa y su mamá empeñada en irse de copas con su hermano Santi mi amor guapo verdad que lo es?

martes, 14 de febrero de 2017

ana en la taberna del callejón de los huertos























Aún sonaban los estruendos de las bombas en mis oídos. Los camaradas bebíamos en aquel sótano infecto para lamernos las heridas. Edu no salía de su lánguido estupor. La sangre había traspasado las vendas y miraba desde otro mundo los mapas rojos que invadían aquel territorio de tela sucia. Solo las mujeres parecían mantener el tipo. Noelia aplaudía sin cesar a aquellos que se atrevían a salir a aquel pequeño escenario levemente iluminado. Ana mantenía su cara angulosa de un blanco impoluto, los labios rojos, su pelo oscuro recogido en la nunca. Pareciera que nunca hubiera vivido una batalla, que no hubiera existido aquella estúpida guerra.

Cojeando, me acerqué a la barra a rellenar la botella. Desde atrás, el espectáculo era grotesco. Siluetas negras con movimientos torpes, enfermizos, levantaban las jarras y las botellas olvidados del mundo. Aquel poeta triste sin voz había dejado el escenario y nadie lo había notado.

Entonces se levantó ella, de una forma solemne, religiosa. Se diría que una luz iluminaba su cara. Con pasos decididos machacó la madera de la escalera y se cuadró en el escenario. Levantó la cara con orgullo y empezó a cantar haciendo elipses desiguales con su labios rojos. Sin música. Las sombras bajaron las botellas y las jarras y, poco a poco, se fue haciendo el silencio hasta dejar limpia esa enérgica voz.

Algo escondido ahí dentro desde el Pleistoceo, o quizás solo desde que eran niños y jugaban sobre la nieve, parecía despertar. Ana.